Pioneras del fútbol: así comenzó la Selección Española femenina

La ilusión de las primeras jugadoras, como Quilla, Fuentes y Carmen, sirvió como escudo ante prohibiciones, dificultades y falta de aceptación social durante los años 70


“El fútbol fue mi vida. Trabajaba y vivía por él”. Isabel Fuentes clava la mirada en el césped del Boetticher –“cuando jugábamos aquí era de tierra”, apunta- y recuerda los años en los que la ilusión pudo más que cualquier impedimento. Ella no lo sabía, pero estaba haciendo historia: era una de las pioneras del fútbol femenino en España.

Junto a ella, nos acompañan otras dos precursoras: Mari Carmen Álvarez Matey y María Ángeles Pérez, conocida como Quilla. Las tres fueron parte de la Selección Española femenina y, casi 50 años después, comparten memorias y se ponen al día, tras años sin verse, en la grada del campo de Villaverde. Hablan de aquel viaje en el que tuvieron que dormir en el suelo, de las razones por las que dejaron el fútbol, de los partidos sobre campos empedrados en los que usar la bandera de su país estaba prohibido por no estar federadas.  

En la España de Franco, con la Sección Femenina de la Falange como guía principal para la mitad de la población, estas futbolistas y sus compañeras rompieron con los roles marcados para ellas. Sus perfiles salieron en páginas de periódicos, en televisiones y en radios, en gran parte gracias a Rafael Muga, encargado de formar la primera selección femenina. Nunca ganaron dinero -más allá de algunas excepciones, como Conchi "Amancio", que hizo carrera internacional-, pero la ilusión pudo más que la oposición de parte de la sociedad.

Dos equipos en Madrid y otros tantos repartidos por la geografía española abrieron el camino a la creación de nuevas formaciones. Algunas jugadoras recibían el apoyo de sus padres -Fuentes cuenta cómo el suyo, entusiasta del fútbol, se puso ante un presidente y le dijo "aquí tienes a una jugadora"-, pero otras tantas escondían su práctica por miedo a las represalias.  

El gran apoyo del fútbol femenino


La figura de Rafael Muga estuvo detrás de la promoción del fútbol femenino cuando todavía era una práctica clandestina. Llegó a formar una selección –a la que pertenecieron Fuentes, Quilla y Carmen- que nunca fue reconocida como oficial. "Jugamos partidos internacionales porque teníamos un equipo muy bueno; hoy lo seguiría siendo", apunta Carmen. "Gracias a Rafael, nuestra historia cruzó fronteras". 

En paralelo al interés que despertaban las jugadoras, se desarrolló un movimiento de oposición que se hacía fuerte durante los partidos. “Cuando ibas a algún pueblo a jugar, se tenía que meter la policía para poder entrar a los vestuarios”, recuerda Quilla. “La gente te gritaba ‘¡quitaos la camiseta!”. También enumera los insultos Fuentes: “Me acuerdo de un partido en un campo en Orcasitas en el que, cuando nos estábamos vistiendo, nos tiraban piedras y nos gritaban cosas como ‘vete a fregar, guarra’ y cosas más soeces”.

Ese rechazo también se desprendía en las instituciones: la Real Federación Española de Fútbol no reconoció el fútbol femenino hasta 1983; antes, las jugadoras no estaban federadas, no podían portar la bandera de España y su reconocimiento laboral era prácticamente nulo. “Siempre seguimos adelante porque nos gustaba”, apunta Carmen. “Fuimos muy profesionales sin cobrar un duro. Nosotras nos teníamos que comprar el material y pagar el transporte". 

La ilusión que compartían todas las jugadoras fue clave para seguir adelante a pesar de todo. “En aquel entonces, te daba igual lo que te dijesen. Nos gustaba, y no íbamos a dejar de jugar por la opinión que tuviesen otras personas”, explica Quilla. La sonrisa que muestra todavía refleja aquel sentimiento que unió a las jugadoras por encima de cualquier obstáculo. Carmen coincide: "Lo volvería a hacer mil veces". 

Un trabajo "de verdad" 


La situación precaria a la que se enfrentaban las jugadoras en nuestro país obligaba a muchas de ellas a compatibilizar un trabajo con los partidos y los entrenamientos. "A veces, veníamos de viaje y nos íbamos directas a trabajar, sin dormir", recuerda Quilla. "Yo trabajaba en una empresa de pantalones vaqueros, y muchísimas veces trabajé tras dormir un poco en el autobús". 

Fuentes vivía una situación similar. "Trabajaba en una empresa de artes gráficas, y cuando la Selección Española me llamó, le dije al director que me iba a jugar con ellas", cuenta. "Aunque no hubo ningún problema, me dijo que tendría que recuperar el tiempo. Tuve que hacer tres o cuatro horas extra al día para poder coger días y jugar", rememora. 

Aunque ambas se alejaron del fútbol profesional antes de cumplir la veintena, nunca cerraron la puerta del todo. "Mi hijo, que ahora tiene 40 años, jugó al fútbol desde los 7", sonríe Quilla. "Yo entrené a un equipo de niños, y siempre intenté ser un referente para ellos, enseñarles una disciplina e inculcarles que ante todo tienen que ser compañeros y formar un buen equipo". Coincide con ella Isabel: "A los niños hay que enseñarles a ser rivales, nunca enemigos". Su caso como entrenadora de fútbol sala ha pasado, en alguna ocasión, por charlas con algunos entrenadores con comportamientos "muy nocivos para los niños". 

La vinculación de Mari Carmen con el fútbol femenino duró unos años más; llegó a ser internacional en varias ocasiones en su puesto como extremo izquierdo con el Olímpico de Villaverde. "Jugué hasta el 83 -año en el que se disputó el primer encuentro "oficial" de la Selección Española femenina-, y luego fui delegada. Tras ello, llevé la revista del Club", enumera. "Siempre estuve ligada al fútbol porque es mi pasión", sonríe. 

Aunque casi toda su carrera se desarrolló en el club del sur de la capital, en su pecho brilla un pequeño escudo del Real Madrid. Con el número 4.050 en su carné de socia, es una de las madridistas más fieles de España, y en el año 2000 decidió escribir al recién nombrado presidente, Florentino Pérez, cuestionando la falta de equipo femenino en el club blanco. A pesar de que la escueta respuesta de él agradecía sus "interesantes comentarios", el Madrid todavía no cuenta con una formación compuesta por mujeres. 

Los perfiles

Un especial de BLUEMEDIA STUDIO realizado por: Bea Langreo (textos y entrevistas), Elena Buenavista (fotografía) y Natalia Martín (Global Studio - Vídeo). Proyecto: Fedra Valderrey y Raúl Rodríguez.