Ciencia y corazón: Así se recuperan las marismas del Guadalquivir

Uno conoce los datos científicos; otros, la experiencia de haber nacido en los esteros del único río navegable de España. Unidos buscan que el agua vuelva a inundar las marismas y que las aves que vieron volar recuperen su antiguo hábitat


Los primeros rayos del atardecer asoman en las marismas del Guadalquivir, a pocos kilómetros de Trebujena (Cádiz); a lo lejos vuela una pequeña bandada de aves. En ella se clavan los ojos de Manego, pescador, hostelero y, sobre todo, hijo de esta tierra. Ocho décadas en el territorio le han brindado la capacidad de distinguir cada especie por el batir de sus alas. Sabe, mejor que nadie, todo lo que ese lado del río ha perdido.

En las mismas hectáreas creció su hijo. José Manuel, referido por todos como Maneguito, heredó de su progenitor el mote, pero también la capacidad de sentir cada daño a las marismas como propio. La caza y pesca excesivas, la explotación agrícola y la industrialización han hecho que en los terrenos en los que se levanta Manegodor, su negocio, se apagase poco a poco el esplendor que Manego disfrutó. Hubo tiempos, según cuenta, en los que “los peces tenían aquí el mejor jardín”.

Su padre, también pescador y guarda de la misma finca, describía un Guadalquivir en el que apenas se veía la superficie: cuando llegaba el calor, el pescado salía de las marismas al río a raudales, convirtiéndose en un festín para aves y pescadores de la zona. Hoy, son pocas las especies que sobreviven a la salinidad del agua.

Si se dirige la vista al horizonte, puede apreciarse la forma de un mirador. Echándole imaginación, parece un faro; se alza sobre plano como una guía, un punto de referencia en el terreno. Es también una señal de esperanza. Nos lo señala Juanjo Carmona, uno de los trabajadores de WWF encargados de esta área.

Bajo la estructura de madera, al otro lado de la carretera, seis hectáreas ya han sido intervenidas. Es un proyecto piloto, tal y como explica Juanjo. Han levantado la tierra que durante la revolución industrial se colocó para aumentar la productividad de la zona y han dejado paso, de nuevo, al agua que inundaba de vida las marismas.

Y aunque todavía no ha llovido y el terreno está aparentemente seco, algunas especies ya se han asomado de nuevo a ese hogar en construcción.  Al fin y al cabo, siempre fue suyo. “Nosotros no hemos venido a salvar nada”, matiza el responsable de WWF, que trabaja en el terreno gracias a la iniciativa Misión Posible: Desafío Guadalquivir de Coca-Cola España;  “solo a recuperar lo que se perdió en su momento”.

"No hemos venido a salvar nada, solo a recuperar lo que se perdió en su momento"

“Es imposible hacerlo sin ellos”, apunta. Ellos, los Manegos, saben mejor que nadie qué supone que el equipo de WWF esté interviniendo en las marismas. Carmona, por su parte, admira el conocimiento aprendido que, generación tras generación, ha vinculado a esa familia con la tierra en la que trabajan.

Los tres hablan con soltura de una especie de pato, la cerceta pardilla, que habitó por cientos el estuario y que hoy se encuentra en peligro de extinción. Manego vigila cuántas nacen cada año, observa cómo crecen día a día y pone, junto a su hijo, esfuerzos y corazón en proteger a las crías de los depredadores.

“Ellos no tienen los datos científicos, pero cuando contrastas lo que te dicen con esos datos, van perfectamente encuadrados”, explica Juanjo. Es un conocimiento basado en la experiencia, imprescindible para llevar el proyecto a buen puerto. “No es solo cuestión de traer a un técnico o a científicos, sino también de escuchar a esa gente que ha vivido y conoce de verdad, de manera íntima y personal la marisma”, apunta.

Para padre e hijo, esos humedales son vida. “Llego aquí antes de ser de día y me oscurece aquí”, apunta Maneguito. Nos habla del atardecer más bonito de España y no miente; es tan impresionante que ha enamorado a cineastas de corte internacional. Steven Spielberg, por ejemplo, eligió ese horizonte, en ese momento del día, para rodar la primera escena de El Imperio del Sol.

Algunas especies de ave, poco a poco, han vuelto a aparecer en este lado de la desembocadura, otrora hermano gemelo del Parque Nacional de Doñana, que se sitúa en la orilla contraria del Guadalquivir. Un barco cruza sus aguas hacia el mar, y Maneguito sonríe al recordar su infancia, cuando pasaba los fines de semana a bordo del pesquero de su padre. “Era otro mundo; por eso me gusta esto. Es donde me he criado, lo que me han inculcado”, explica.

Él es consciente de todos los aspectos que han hecho daño al estuario y se esfuerza desde hace varios años en construir nidos para distintas especies aéreas y canales dentro de los esteros para acuáticas. Encuentra en Juanjo y en sus compañeros aliados en esa lucha por salvar el ecosistema en el que vive con medios que hasta ahora parecían inaccesibles. “Están restaurando marismas que estaban ciegas de lodo”, explica. “De esta forma, las aves tienen más calidad a la hora de anidar, más agua, que es lo que las separa de los depredadores”. Es un paso estratégico hacia la supervivencia de distintos animales en peligro.

Maneguito mira hacia el futuro con optimismo. Ríe subido en la parte trasera de su furgoneta; su padre, al volante, también parece divertirse. Habla de vinicultores que han renunciado a los pesticidas, de antiguos cazadores que aparcaron hace tiempo la escopeta; de una conciencia a gran escala que no resulta ajena a nadie. “Todos podemos ayudar a recuperar esto en el futuro; es cuestión de darse cuenta”, apunta. A pesar del clima seco, aboga por una posibilidad que pasa por cada uno de nosotros. “Si todos ponemos nuestro granito de arena, las marismas pueden llegar a restaurarse”, asegura. Cada ave nacida a la sombra de los esteros representa una nueva oportunidad.

Misión Posible: Desafío Guadalquivir es un proyecto puesto en marcha mediante la colaboración entre Coca-Cola España y WWF España que busca mejorar la cantidad y calidad del agua en el estuario del río. Cuenta con dos acciones clave; la recuperación de la marisma de Trebujena es una de ellas.

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Texto: Beatriz Langreo | Vídeo: Pablo Ballesteros | Proyecto: Fedra Valderrey